En Japón existe una antigua tradición:

Cada vez que una niña nace se planta un bello árbol de flores lilas, que crecerá a su lado.

Cuando la niña se convierta en mujer y se case, el árbol se corta, y con su madera se fabrica algo para la casa de los recién casados, que los acompañará en su nueva vida.

Una leyenda milenaria dice que el Ave Fénix que renazca de sus cenizas solo se posará sobre un fuerte Kiri. Es un árbol mágico, es el árbol de la nueva vida, que tal como el Ave Fénix, renace una y otra vez si su tronco es cortado.

Cientos de años después, sabemos que el Kiri es también el Árbol que nos salvará la vida. Su madera es fuerte y resistente al fuego, y sus raíces profundas sobreviven a tormentas y sequías, y salvan a los suelos de la erosión.

También crece más rápido que cualquier otro y vive más de 100 años. Pero lo más importante es que el Kiri absorbe hasta cinco veces más dióxido de carbono que cualquier otro árbol, y lo convierte en el más puro oxígeno para respirar.

El Kiri nos da vida, y hoy puede ser también el árbol de nuestra nueva vida, renaciendo nosotros en él de nuestras cenizas, como el Ave Fénix.